29 de enero de 2011

Un puñado de besos.

[Hoy os tráigo, uno de mis libros que marcó mi infancia, este libro, me lo leía mi madre muchas noches, y se puede decir que es el libro de mi infancia. Este libro, nunca lo olvidaré, y me parece que es precioso, y por eso os lo dejo aquí para que lo leais :) ]
Un puñado de besos.
Kati tiene una cajita llena de besos y una gran sonrisa. Cuando va al colegio, siempre lleva alguno en su bolsa del almuerzo.
Y su madre, al despedirse, siempre le da alguno de más. Ella sabe que es mucho tiempo el que pasa en el colegio.
Todos sus besos son dulces. Saben a fresa, a vainilla, a chocolate. Y cuando a veces la sonrisa desaparece de su cara, Kati mete la mano en la bolsa y.. la sonrisa vuelve grande, radiante.
Kati tiene muchos amigos. Uno de ellos se llama César. César siempre lloraba cuando su madre se marchaba. PEro Kati le dijo un día:
-¿Quieres un beso de vainilla?
A César se le pararon las lágrimas cuando la escuchó, y notó un calorcito suave en su cara, que acababa en un sonoro.. muaaa. Y así fue cómo César dejó de llorar.  Pero con Diego es diferente. Es un peleón. Siempre da patadas y, cuando quiere algo, lo coge sin más. No importa que lo tenga Alicia, Juan, ni siquera el fuerte de Nicolás.
Por eso, muchas veces hay llantos en clase, y, mientras la maestra riñe a Diego, Kati se acerca despacio y dice:
-¿Quieres un beso..?
Y siempre ocurre lo mismo. Las lágrimas dejan de salir. Es como si dijera unas palabras mágicas.
Una mañana, Diego fue hacia ella, le dio un empujón y la tiró al suelo, y tiró también su bolsa del almuerzo.
-¡Eres una tonta!-dijo Diego, y salió corriendo.
Kati lloraba sentada en el suelo. Las lágrimas caían por sus mejillas como gotas de rocío. Pero César se dio cuenta; también Juan, Alicia, Alfredo y Nicolás. Y fueron hacia ella. Y le dijeron muy bajito:
-¿Quieres un beso de..?
Kati dejó de llorar. Sintió el calor suave de sus besos, y, pasándose las manos por la cara, dijo:
-¡Que suerte! ¡Vaya puñado de besos!
Todos estaban contentos. Todos menos Diego, que se dio la vuelta...  T estaba solo. Era cmo si se hubiera perdido en medi de un bosque oscuro. Y se sintió triste. Fue de un lado a otro sin saber que hacer.
Entonces respiró fuerte. Y se acercó despacio, casi de puntillas. Se sentó en el duelo, cerca, muy cerca de Kati, y le dijo al oído, como un susurro:
-¿Me perdonas?- y le dio un beso.
Kati sonrió y dijo:
-El tuyo sabe a caramelo- y le salieron los colores a Diego.
La maestra se acercó. Ya no estaba enfadada y tenía ganas de cantar, de contarles historias de esas largas que contaba cuando estaban muy callados.
Aquella mañana hacía sol. Kati se sentía feliz. Tenía mucha suerte, muchos amigos, una cajita llena de besos y una gran sonrisa. Kati era rica. Muy rica.

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